
- PIB e ingresos a la baja; informalidad empresarial y laboral, al alza
Miguel A. Rocha Valencia
La verdad es que no se ve por dónde pueda México salid del hoyo económico-financiero en que se encuentra, ya que ni siquiera una miserable baja en inflación contrarresta los efectos de las políticas públicas morenistas que afectan desde el PIB hasta el empleo y la poca inversión.
Los datos dados a conocer por Inegi incluso si se ven positivos en cuanto a crecimiento del Producto Interno Bruto, no dejan de ser preocupantes sobre todo porque “hablan” de una contracción que se volvió tendencia. Para el primer trimestre bajó una caída de menos 0.6 por ciento en relación al mismo periodo del año pasado, lo cual indica que crecemos “poquito” aunque para algunos el 0.4 por ciento a tasa anual, sea algo bueno ya que al menos no vamos en retroceso.
Crecimos menos que el año pasado, aunque no se desplomó la economía, pero hay sectores en los cuales hay mucha preocupación como en manufacturas y construcción que no se recuperan en más de 25 meses donde marcan retrocesos.
Eso se debe dice la propia encuesta, a que la inversión no llega y en mi opinión, ni llegará simplemente porque como dijo la jefa del Ejecutivo, no va a variar el esquema político, ese que a la iniciativa privada nacional y extranjera le preocupa, especialmente en el tema de la reforma y elección judicial, desaparición de organismos autónomos y en el tema de amparo y amplitud de facultades de la Unidad de inteligencia Financiera de Hacienda.
Frente a ello de nada van a servir reuniones para la fotografía con empresarios aunque fueran de Blak Rock quienes además no pueden ser ajenos a lo que dice el Bank of America a las calificadoras que colocaron deuda mexicana en el punto de quiebre.
Y si a eso se le añaden los “conflictos” de la 4T con estados Unidos en materia de seguridad y las arengas de “Mexicanos al grito de Guerra” o las convocatorias demagógicas de acarreo a eventos para clamar en favor de una soberanía nacional que se circunscribe a la defensa de presuntos delincuentes solicitados por Estados Unidos mientras se intenta crucificar a quien combate al crimen y se le acusa de traición a la Patria, pues estamos fritos.
Y es que en ese pleito México se juega un mercado que llega casi a los 900 mil millones de dólares anuales con quien comparte una frontera de tres mil kilómetros y cruces diarios de más de cuatro millones de personas.
Todo eso lo ven los inversionistas, eso es lo que causa la incertidumbre e impide acudir al llamado de un gobierno que no da garantías pero si ofrece “atractivos” proyectos de inversión donde quien pone la lana, no será dueño ni concesionario y menos tendrá la posibilidad de incidir en las reglas del juego que se le podrían cambiar de un plumazo.
Por eso es que a pesar de las posibilidades la economía tiene menos dinámica de la que se esperaba mientras la desaceleración se mantiene, no en niveles de pánico, pero a la baja en sus tres sectores; el primerio en 1.7 por ciento; secundario en 1.0 por ciento y el terciario en 0.4 por ciento. Eso al margen de la baja productividad que parece no preocuparle al discurso oficial a la hora de ordenar aumentos salariales.
Y si faltara algo, “gracias” al crecimiento de la informalidad empresarial y laboral, los ingresos fiscales bajaron en 0.6 por ciento real al cierre del cuatrimestre con 899 mil 923 millones por ISR y 401 mil 577 millones de pesos por IVA. Hay más ingresos derivados del consumo como los IEPS.
El tema básico es que, al crecer la informalidad de las empresas, aumenta el empleo formal y eso se refleja en menos ingresos tributarios por todos lados, como el impuesto por nómina, ISR y otros más, incluyendo prestaciones sociales, Infonavit IMSS o ISSSTE.
La informalidad empresarial y laboral en México ronda el 54.8% de la población ocupada, superando los 32 millones de trabajadores. El fenómeno crece debido a la fuerte carga fiscal, la compleja tramitología, los bajos salarios y la baja productividad, impulsando principalmente la creación de micronegocios sin establecimiento.
Según la IA, las causales de este fenómeno son costos e impuestos, ya que las altas cargas tributarias impiden que las microempresas soporten los gastos asociados a la formalidad. Se agrega la tramitología, baja productividad que baja los niveles de utilidad.
Un tema básico en este fenómeno es que las empresas prefieren darse de baja por no poder pagar los salarios fijados desde palacio Nacional y la carga impositiva. Un reflejo de ello es que de acuerdo con la Encuesta de Evaluación Coyuntural del Mercado Crediticio es que el 86.9 por ciento de las empresas participantes declinaron utilizar nuevos créditos bancarios; el nivel más alto desde 2019, y todo, “por la situación económica prevaleciente”, lo cual debe preocupar porque la situación antes que mejorar, tiende a agravarse, dicen los que saben.
Así que las políticas públicas “populares” de la 4T, tienen consecuencias muy graves porque se necesitan inversión e ingresos que no llegan y no ingresan a las arcas y ya está a un paso de que no alcancen para pagar servicio de la pesada deuda y los programas sociales para comprar agradecimientos. Veremos.
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