Punto de Vista

Por Jesús Michel Narváez

El vasallo existe desde el siglo XII según los historiadores quienes definen el vocablo y la actitud a quien se le llama así de la siguiente manera:

Vasallaje es la relación que existía entre un vasallo (esto es un noble o caballero) y su señor feudal. Sucedió durante el feudalismo, entre los siglos X y XI. El vasallo juraba fidelidad a su señor y se comprometía a cumplir determinadas servidumbres, principalmente de apoyo político y militar (auxilium et consilium), y recibía como contraprestación un beneficio, habitualmente el control y jurisdicción sobre la tierra y la población de su feudo o señorío y señor. Era un contrato sinalagmático, con obligaciones para ambas partes, que se establecía entre dos hombres libres. Las dos partes se comprometían a guardarse lealtad y no traicionar el vínculo que se establecía entre ellos. Las obligaciones contractuales de la relación vasallática quedaban sin efecto para una parte si la otra incumplía gravemente las suyas (felonía). Wikipedia.

Digamos que, en los tiempos modernos, una expresión de Jesús Reyes Heroles no tiene una letra de sobra cuando dijo: “seremos inflexibles en la defensa de las ideas, pero respetuosos en las formas, pues en política, frecuentemente, la forma es fondo”.

Vasallo, sin duda, es Ricardo Monreal que, ante el rompimiento del contrato bilateral con quien lo degrado a “primo lejano” ha buscado reparar el daño a través de la sucesora, Claudia Sheinbaum, a quien ha prometido “respaldar unánimemente la iniciativa de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum”.

Monreal ha presumido haber sido y ser un político congruente. Respetuoso de la Constitución y de las leyes que de ella emanan. Es soberbio con escasa prospectiva política no obstante sus 40 años de “subejercicio” y se ha equivocado en sus decisiones y ahora aflora el cobro de la factura.

Vasallo, no solamente es dar dignidad y recibir humillación. Es una forma de vivir ocultando lo que se tiene, se niega tener, se obsesiona con su verdad y pretende estar por encima del señor feudal que, como se establecía en el contrato bilateral, aunque su obligación sea brindar apoyo político y militar a su amo.

Enterrar la soberbia no lo salva del descredito y mucho menos de la sentencia que ya ha sido dictada por su “primo lejano” y que será ejecutada por la intérprete de las decisiones políticas del “señor feudal”.

Buscar “quedar bien” a través de “instruir” a sus vasallitos de obedecer ciegamente lo que les ordena como señor dueño de su feudo -falsa idea, lo tiene prestado y se lo van a quitar- confirma que en este país dejó de existir el Poder Legislativo.

Expresar públicamente que los 236 -dato oficial del INE- ovejas de su rebaño votarán unánimemente una iniciativa de reforma constitucional cuyo texto nadie conoce, es robar la dignidad de sus compañeros de partido.

Y decirles que, como pastor de los borregos y con sus perros Heeler -australianos- sabe cómo reaccionan y por tanto les ofrece la comida en la mano a cambio de su docilidad, es considerar a los que jurídicamente son sus pates.

¿Cómo es posible decir públicamente que la totalidad de los diputados de Morena respaldarán la iniciativa de reforma electoral que enviará el martes la presidenta Sheinbaum sin que nadie conozca el texto?

Es como aceptar que la presidenta envíe una reforma en la que se establezca la reactivación de la pena de muerta en contra de los críticos y congresistas de oposición y pedir al grupo oficialista que la aprueba sin haberla leído. A lo mejor alguno de los aprobantes está en la lista del patíbulo.

Indignante, por la actitud de lamebotas, la declaración de Monreal. Con sus palabras confirma que no representa al pueblo sino al gobierno.

Hay que recordarla: la forma es fondo.
Él se inclina por el fondo… que parece atraerlo.

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