
A dos años de haber retomado operaciones como aerolínea del Estado, Mexicana de Aviación enfrenta una realidad muy distinta a la anunciada en su relanzamiento. El proyecto, presentado como una alternativa para fortalecer la conectividad aérea y ofrecer tarifas accesibles, acumula pérdidas financieras, bajo volumen de pasajeros y una fuerte dependencia del erario, mientras sus expectativas de consolidación siguen en entredicho.
El regreso de un símbolo
El relanzamiento de Mexicana de Aviación, en diciembre de 2023, estuvo cargado de simbolismo. Tras más de una década fuera del mercado, la marca histórica volvió ahora bajo control gubernamental, con la promesa de corregir los errores del pasado y operar con un enfoque social. La nueva empresa quedó bajo administración estatal y estableció como base principal el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA).
Desde el inicio, la aerolínea se planteó como un proyecto estratégico, no necesariamente orientado a la rentabilidad inmediata, sino a garantizar rutas regionales y fomentar el desarrollo económico. Sin embargo, el discurso optimista pronto chocó con la compleja realidad del sector aéreo.
Operación limitada y metas lejanas
Durante sus dos primeros años, Mexicana de Aviación ha transportado poco más de 800 mil pasajeros, una cifra modesta frente a las metas iniciales y marginal en comparación con las aerolíneas comerciales que dominan el mercado nacional. Aunque la empresa ha logrado niveles aceptables de puntualidad y seguridad, su ocupación promedio por vuelo se mantiene baja, lo que limita seriamente su capacidad de generar ingresos.
La oferta de rutas ha sido inestable. Algunos destinos anunciados fueron suspendidos o ajustados por baja demanda, lo que ha provocado críticas sobre la planeación y viabilidad del proyecto. A esto se suma el reto estructural del AIFA, cuya conectividad terrestre y preferencia de los usuarios sigue siendo un obstáculo para atraer mayor flujo de pasajeros.
Finanzas en números rojos
El aspecto más cuestionado del proyecto es el financiero. La aerolínea ha requerido inversiones públicas multimillonarias para su puesta en marcha y operación, mientras que sus ingresos apenas cubren una fracción de sus costos. Las pérdidas acumuladas han obligado al gobierno a destinar recursos adicionales para mantenerla en el aire.
Especialistas advierten que, en su esquema actual, Mexicana de Aviación depende de subsidios anuales para sobrevivir, lo que abre el debate sobre la pertinencia de sostener una aerolínea estatal en un mercado altamente competitivo y dominado por operadores privados de bajo costo.
Tropiezos operativos y señales de improvisación
El arranque de operaciones estuvo marcado por problemas logísticos, una flota limitada y el uso temporal de aeronaves que no formaban parte del plan original. Aunque en el segundo año se incorporaron aviones más modernos y eficientes, la expansión ha sido más lenta de lo previsto.
La falta de una estrategia clara para competir en precio, frecuencia y conectividad ha dejado a Mexicana en una posición marginal. Para muchos analistas, el proyecto carece de una hoja de ruta sólida que defina si su objetivo es ser rentable, subsidiaria permanente o complemento del sistema aéreo nacional.
Expectativas y apuestas a futuro
Pese a los resultados adversos, el gobierno mantiene su respaldo al proyecto. La aerolínea planea ampliar gradualmente su flota y rutas en los próximos años, con la expectativa de aumentar su participación en el mercado y aprovechar eventos de alta demanda, como el Mundial de Futbol de 2026.
Las autoridades sostienen que Mexicana debe evaluarse como un proyecto de largo plazo y no solo bajo criterios financieros. No obstante, el desafío será demostrar que puede mejorar su eficiencia operativa y justificar el uso continuo de recursos públicos.
Balance a dos años
A dos años de su relanzamiento, Mexicana de Aviación se mantiene en vuelo, pero lejos de cumplir las expectativas que generó. Su historia reciente es la de un proyecto con alto costo, bajo impacto y resultados limitados, que revive viejos debates sobre el papel del Estado como operador directo en sectores altamente especializados.
El tiempo será el principal juez. Por ahora, Mexicana sigue siendo más una apuesta política que una aerolínea consolidada, con un futuro que dependerá de decisiones estratégicas, transparencia financiera y una redefinición clara de su razón de ser.
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