
POR: Alberto Vieyra Gómez.
AMN.- La pena de muerte, que no resuelve conductas antisociales existe en 56 naciones del mundo.
En México la pena de muerte fue abolida durante el régimen foxiano en el 2006, aunque en el plano militar se ejecutó la pena capital hasta 1961 y durante la Revolución Mexicana la pena de muerte era el pan nuestro de cada día.
¿Por qué hago historia? Mire usted. El mes pasado, el alcalde que llego a la presidencia municipal de Uruapan, Michoacán por la vía independiente Carlos Alberto Manzo Rodríguez, decreto por sus pistolas la pena de muerte en ese municipio, en el que alguna vez una alcaldesa panista derogo también por sus pistolas la ley de la gravedad.
“Quién secuestre, quién mate, quién extorsione, quién levante a los sencillos habitantes y quién ultraje la dignidad de los habitantes de Uruapan, será pasado por las armas sin previo juicio”, pues para el alcalde es la única manera de acabar en México con la barbarie que impera y que ha convertido a la nación azteca en una sociedad macabra, morbosa y cruenta, a cargo de las mafias criminales que saben que abundar en la barbarie es gozar de impunidad, diría Carlos Alberto Manzo Rodríguez. Y da órdenes a su policía:
“Si ven que están disparando, hay que matarlos; si están agrediendo a la ciudadanía, hay que abatirlos. No hay que tener ninguna consideración con esas lacras de la sociedad”, el alcalde Carlos pidió “usar la mano dura y la fuerza letal contra el narco en Uruapan”. “Nada de abrazos, aquí madrazos y balazos”.
El alcalde de Uruapan pareciera emular al general Francisco Villa, ese que hoy los chihuahuenses conocen con el irrefutable nombre de José Doroteo Ferman Arámbula, después de que el historiador y médico anestesiólogo Rubén Osorio descubrió en una formidable investigación que Pancho Villa tenía su familia secreta en Torreón, Coahuila y que había sido hijo del hacendado alemán judío, Luis Ferman y no de Agustín Arango, quien vino a acabar con el mito de que el jefe de la división del norte respondía al nombre de Doroteo Arango Arámbula nombre que aprendimos en la escuela. La investigación histórica realizada por el historiador chihuahuense forma parte del libro La Familia Secreta de Pancho Villa, publicado hace un par de décadas en inglés y español.
Pancho Villa solía dar órdenes a sus esbirros generales para que, si capturaban a algún güilón, traidor o lo que fuera, lo “fusilaran en caliente y después viriguaran”.
Justamente eso ocurrió con el rico hacendado inglés Jorge Benton, quien alguna vez al estar frente al general Villa en el cuartel general de los villistas en Ciudad Juárez, intentaría sacar la fusca para asesinar al revolucionario, pero el general Rodolfo Fierro le impediría sacar la pistola y de inmediato dio órdenes para que lo fueran a fusilar a la Sierra. Los villitas hicieron un hoyo como si fueran a jugar a las canicas y cuando Benton se dio cuenta que ahí lo iban a fusilar y a enterrar, les pidió que lo hicieran más hondo porque si no lo sacarían los coyotes. Así lo fusilaron. Y el escandalo diplomático internacional con Estados Unidos no se haría esperar.
A Venustiano Carranza le advirtieron los gringos, que ni por equivocación se le fuera a perder el cadáver de Benton, a lo que el general Villa respondió: “No, mis tumbas no se pierden”.
Ante el escándalo internacional, el cadáver de Benton seria fusilado por Rodolfo Fierro y demás esbirros villistas. Sí, fusilaron al cadáver del muerto porque en la sierra había sido disque fusilado, pero por la espalda y entonces fue necesario que le formaran cuadro al cadáver del muerto, para que apareciera fusilado con todas las de la ley.
¿Usted cree que con la pena de muerte se acabaría en México la era macabra que vivimos?
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