
POR: Alberto Vieyra Gómez.
AMN.- ¡Vaya grotesco fraude electoral del siglo! Que un 12% del padrón electoral de casi 100 millones votaron en la disque elección más democrática del mundo, según Claudia Sheinbaum.
Un ejemplo irrefutable del descomunal fraude electoral de estado lo constituyen las 5 mujeres y los 4 hombres que obtuvieron mayor votación para conformar la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero qué rápido salió el peine porque esos 9 integrantes formaron parte medular de los acordeones que Morena repartió a lo bestia entre sus huestes y en muchos casos ofreciéndoles hasta mil 500 pesos para que se guiarán por los acordeones que les daban impresos en fotocopias o en sus teléfonos celulares. Y ya veremos que gestos hace el INE y el Trife porque esas mapachadas deben castigarse con cárcel y con la anulación de esa grotesca disque elección que promete, según Morena y Claudia acabar con la corrupción en la impartición de justicia. ¡Nada más mentiroso y absurdo!
El pasado domingo 1 de junio votaron solo 12 millones de acarreados de un padrón de casi 100 millones de mexicanos.
¿Qué nos dice semejante disparate? Pues, que el nuevo Poder Judicial de México tendrá una ilegitimidad de origen.
¿Quién podrá confiar en un Poder Judicial deslegitimado de origen con jueces, magistrados y ministros elegidos hasta por uno o dos votos? ¿Es legitima una vacilada de tal naturaleza? ¿qué la pasada elección de juzgadores fue todo un éxito? ¡Qué mentira tan burda!
En la sociología política las principales democracias en el mundo y aun las que están vías de desarrollo han adoptado la figura jurídica de las llamadas segundas vueltas electorales. ¿Con qué finalidad? Muy fácil: Los estudiosos han descubierto que los gobernantes electos por pírricas votaciones y que muchas veces no superan el 50 por cierto de la votación, llegan al poder con una deslegitimación de origen y los pueblos no quieren saber nada de ellos. Se produce algo que llaman desobediencia civil, es decir que la gente no quiere saber nada de ellos y la reflexión es muy simple “yo por qué voy a obedecer a este fulano si ni siquiera voté por él”. Por ello, recurren a las segundas vueltas electorales para lograr esa legitimación.
En el caso de la disque elección de jueces, magistrados y ministros la pregunta que las masas se harán es:
- ¿Tengo confianza en éste o está fulana que llegó al cargo de juzgador con media docena de votos? ¿me inspiran confianza, a sabiendas de que muchos llegaran al cargo defendiendo los colores de un partido comunista y autoritario o que defienden los intereses de las bandas criminales? ¿tengo confianza en un INE y Trife que se pasarán más de 10 días para contar tan poquitos votos o será que como bien había advertido el lúcido jurista mexicano Diego Valadés que “la elección de juzgadores ya estaba decidida en las catacumbas del poder Legislativo y Ejecutivo?
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