
Por José Cruz Delgado
*Quisieran ver una universidad callada que pida permiso para pensar
La rectora de la Universidad Michoacana dijo un conmovedor discurso que hizo cimbrar a la cúpula del poder al decir: «En el nombre de Morelos hago votos para que en su memoria, la autonomía siga siendo nuestra columna, que la libertad siga siendo nuestro horizonte y que la democracia sea nuestra bandera».
En el marco del Aniversario del Natalicio de Don José María Morelos y Pavón, dijo ante la comunidad nicolaita que el Generalísimo dejó una idea de nación soberana, fundada en el pueblo y jamás en el linaje, dejó el ideal de la igualdad como punto de partida y jamás como concesión, dejó la certeza de que un servidor público vale por lo que sirve.
Efectivamente, esta universidad ha sostenido su misión con más voluntad que holgura, con más dignidad que presupuesto y ha demostrado una y otra vez que la fuerza de una institución se mide por la firmeza de su comunidad.
Sí, hoy las presiones conservan el mismo linaje que en el pasado, existen poderes formales e informales, económicos, políticos y fácticos que quisieran a una universidad dócil, callada, administrable, una universidad que pida permiso para pensar».
Tiene razón la Jefa Nicolaita, la independencia es el derecho de una nación a gobernarse por sí misma. La autonomía es el derecho de una universidad a gobernarse por sí misma, a decidir su rumbo académico, a elegir a sus autoridades, a administrar sus recursos y a sostener su palabra crítica sin pedir licencia a nadie como actualmente pretenden diversos actores políticos y los grupos fácticos cuya guarida está en Palacio de Gobierno

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