El México de Hoy / El derecho a opinar no convierte cualquier opinión en respetable

Gabriela Lazcano/ Perspectivas.mx

Vivimos una época curiosa: nunca había sido tan fácil hablar y nunca tan difícil pensar. Las redes sociales, los videos de treinta segundos y ahora la inteligencia artificial han creado una generación que confunde información rápida con conocimiento verdadero. Y en medio de ese ruido se ha instalado una frase casi intocable: “todas las opiniones son respetables”. No. Lo respetable es el derecho de cada persona a expresar lo que piensa. La opinión, en sí misma, debe ganarse el respeto.

La diferencia parece pequeña, pero es enorme.

Una sociedad democrática debe defender la libertad de expresión incluso cuando no estamos de acuerdo con lo que otro dice. Nadie debería ser censurado por pensar distinto. El problema comienza cuando se pretende que cualquier afirmación, por el simple hecho de haber sido pronunciada, tenga el mismo valor que una idea construida con lectura, análisis y argumentos sólidos.

No es lo mismo una opinión sustentada que una ocurrencia emocional.

Hoy mucha gente cree que investigar consiste en preguntarle algo a una inteligencia artificial, leer dos párrafos o ver un video resumido y salir inmediatamente a pontificar sobre economía, historia, política o filosofía. Pero el conocimiento serio exige contexto. Exige tiempo. Exige haber leído distintas versiones, entender procesos históricos y aprender a argumentar.

Porque argumentar no es repetir frases hechas.

Decir “eso ya no aplica”, “son otros tiempos” o “estás mal” no constituye un argumento. Un argumento implica explicar por qué algo dejó de aplicar, qué cambió, qué evidencia existe y qué razonamiento lógico sostiene esa postura. Sin eso, la opinión queda reducida a una preferencia personal, válida para quien la emite, pero no necesariamente respetable intelectualmente.

Platón decía que “la opinión es el punto intermedio entre el conocimiento y la ignorancia”. Y quizá nunca esa frase había sido tan vigente. Mucha gente confunde tener una opinión con poseer conocimiento. Pero opinar no equivale a comprender.

También Aristóteles dejó otra frase demoledora: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”. La duda inteligente requiere humildad intelectual, algo escaso en una época donde todos sienten la necesidad urgente de tener una postura inmediata sobre cualquier tema, aunque apenas lo conozcan.

Y aquí es donde muchos se ofenden.

Se ha puesto de moda exigir respeto automático para cualquier idea, aunque esté vacía o mal informada. Como si cuestionar una opinión fuera atacar la dignidad de la persona. Pero no son lo mismo. Yo puedo defender absolutamente tu derecho a hablar y, al mismo tiempo, considerar que lo que dices es superficial, incorrecto o intelectualmente pobre.

Eso no es intolerancia. Es discernimiento.

El problema de elevar cualquier opinión al rango de verdad respetable es que se destruye el valor del conocimiento. Si todo vale igual, entonces da lo mismo quien estudió un tema durante veinte años que quien leyó un hilo en internet hace media hora. Y cuando una sociedad pierde la capacidad de distinguir entre una idea fundamentada y una simple reacción emocional, entra inevitablemente en la mediocridad intelectual.

Por eso no, no toda opinión merece respeto automático. Merece respeto la libertad de expresarla. La opinión misma deberá sostenerse frente a la inteligencia, la lógica y los argumentos. Y si no puede hacerlo, entonces quizá lo que necesita no es respeto ciego, sino una lectura urgente. C.C.P. Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial

Loading